martes, 10 de enero de 2017

Las alineaciones “henge” desde Antequera a Nueva York y más allá (Parte I)

Podemos definir henge como una superficie circular u ovalada, delimitada por piedras o postes de madera, construida por seres humanos generalmente desde el neolítico hasta la edad del bronce. El más conocido está a unos 15 kms al norte de Salisbury, en el Reino Unido, por supuesto que hablamos de Stonehenge. Una característica de estos círculos es alinearse con el Sol en un momento dado, en concreto en Stonehenge, durante el solsticio de verano, al salir el Sol, sus rayos atraviesan el eje del conjunto megalítico, y al ponerse, los rayos atraviesan el eje de la conocida formación neolítica de Woodhenge situada a 3 kms de la anterior.

Solsticio en Stonehenge
Antequera.-
Y que tiene que ver todo esto con Antequera y Nueva York, os preguntaréis. Pues que en estos tres lugares, y muchos más, se disponen construcciones antiguas o contemporáneas con alineaciones este-oeste que, en fechas más o menos cercanas al solsticio de invierno y/o verano, hace que se alineen con la salida y/o puesta del sol, de hecho mas del 99,5% de los monumentos megalíticos tienen orientación solar. Vayamos por partes, en el conjunto de los Dólmenes de Antequera se dan algunas curiosidades en su orientación que resultan únicas en la península ibérica, como la observada en el tholos de El Romeral, que aun mirando hacia el paraje natural del Torcal, sur-suroeste (acimut 199º), cuando llega del Solsticio de Invierno la luz del Sol penetra en hasta su segunda cámara. 
Solsticio de invierno en el Tholos de El Romeral

Solsticio de invierno en el Tholos de El Romeral
Y si observamos el dolmen de Menga, que está orientado hacia el norte (acimut de 45º), en dirección a la Peña de los Enamorados, con forma de cara humana. Durante los primeros minutos del solsticio de verano, su cámara recibe la incidencia directa de los rayos solares, alcanzando a iluminar tan sólo los siete primeros ortostatos (losas verticales) de su lateral derecho. Y si observamos desde el aire el conjunto megalítico, se puede apreciar que el eje del dolmen de Menga proyectado hacia detrás y hacia delante atraviesa las cámaras mortuorias del dolmen de Viera y El Romeral, hasta terminar en el cortado de la barbilla de la Peña de los Enamorados, justo en el lugar donde se encontraron esbozos de pinturas datadas en fechas anteriores a las del monumento lítico.

Solsticio de verano en el dolmen de Menga
Peña de los Enamorados, Antequera
Peña de los Enamorados, Antequera
Alineaciones del dolmen de Menga 

Nueva York.-
Al otro lado del charco, al menos desde que Woody Allen hace películas, todos sabemos que en Nueva York está el barrio de Manhattan. Como todas las ciudades del nuevo mundo, su urbanismo es más cartesiano, al poder partir de cero en su concepción y ejecución. En concreto, el Plan de los Comisionados de 1811, ordena la urbanización de la isla de Manhattan en una malla ortogonal, orientada para adaptarse a la longitudinalidad topográfica de la isla. Este diseño muestra una desviación sobre los puntos cardinales de 28,9 grados, lo cual, varias veces al año, ocasiona uno de los espectáculos naturales más atractivos de esta metrópolis. Justo cuando el sol, en el amanecer de las fechas próximas a los solsticios, se alinea plenamente con algunas de sus calles. Todo este fenómeno se conoce como Manhattanhenge desde que en 2002 lo acuñara el astrofísico del Museo Estadounidense de Historia Natural, Neil deGrasse Tyson, en homenaje al producido en Stonehenge.

Manhattanenge, foto de  Ryan Lee desde el puente Pulaski
 
Manhattanhenge, foto de Michael Trapp 2011 
Manhattanhenge
Vista de satélite del Manhattanhenge

Y esta entrada viene a cuento de que hace unos días el New York Times ha publicado una relación con 52 lugares en todo el planeta a los que recomienda viajar durante 2017 para vivir su singularidad, en la que los dólmenes y el Torcal de Antequera están en el número 38 y en correspondencia he querido hacer lo mismo con los lectores de nuestro blog, respecto de la singularidad solar de la gran manzana.

Publicación en el New York Times
Este artículo tiene una segunda parte al cual podéis acceder PINCHANDO AQUÍ.

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